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Resistieron aunque la muerte los siguió tocando

Las Piedras, pueblo enclavado en los Montes de María, resistió los actos violentos. Allí más de 32 personas fueron asesinadas.

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Caminar hoy por Las Piedras, un corregimiento del municipio de Toluviejo, en Sucre, es totalmente diferente a hace unos 8 años, pues la población ya pasó de ser un blanco en medio del conflicto a un remanso de paz, en donde sus pobladores no quieren que nada de lo vivido, en esos tiempos turbulentos, se repita.

Sin embargo, el dolor aún está presente, ellos, en medio de la pobreza en que viven, todavía lloran por sus muertos, por las interminables incursiones que diariamente tenían que soportar, de la guerrilla, de los paramilitares y de la misma fuerza pública. Por las amenazas constantes, por las presiones de unos y otros. Ellos nunca lograron saber quiénes eran los buenos o los malos, pues de todos se sentían maltratados, humillados, vilipendiados y ultrajados.

Así, con una soltura abundante, cuando ya no se escucha el tronar de las armas, lo narran Dagoberto Hernández Pérez y Ana María Ruiz de Hernández, una pareja de esposos y jefes de una extensa familia, que pese a ser víctimas directas, como muchos otros habitantes, resistieron los actos violentos que sacudieron a Las Piedras.

Ellos mantienen grabados en sus memorias la terrible noche del 10 de enero de 1999, cuando un grupo de delincuentes penetró al pueblo a eso de las 11 y 45 de la noche y a sangre fría masacró a 8 habitantes de la localidad, entre ellos uno de sus yernos, Manuel Vicente Delgado Márquez, padre de 2 niñas, quien fue acribillado despiadadamente, solo por estar departiendo en uno de los establecimientos del pueblo. Eso dicen ellos.

“Esa gente, unas veces se metían uniformados y otras sin uniformes, uno no sabía ni quienes eran. Uno no podía hablar con nadie, si uno hablaba con el Ejército la guerrilla decía que éramos informantes y por eso nos tocaba ser neutros. Esa noche de la masacre entraron haciendo disparos, yo me levante y le dije a Dagoberto, oye mijo, eso es tiro, al poco rato nos vienen a avisar que mataron a Manuel. Salimos corriendo y vimos que estaba acribillado, ahí en la cantina del cachaco. A él lo acribillaron porque estaba borracho y no les hacía caso, le decían que se sentara y él se levantó 3 veces”, narró Ana María Ruíz de Hernández.

LA PISTA

El lugar del que ella habla llevaba por nombre La Pista, establecimiento en donde los habitantes acostumbraban a bailar y tomar tragos, hasta ahí, según el archivo de las autoridades, llegaron miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia y ultimaron sin compasión a Alberto Pérez Rodríguez, Ángel Miguel Gómez Jiménez, Blas Manuel Chávez Paternina, Carlos Adrián Corena López, Humberto Antonio Corena Márquez, Luis Alfonso Paternina Chávez, Manuel Vicente Delgado Márquez y Pedro Ríos López.

Aseguran los pobladores que los paramilitares llegaron con lista en mano y luego de verificar los nombres asesinaron a 6 en La Pista y a los otros dos en sus residencias. Para ellos fue la noche más oscura que han vivido, porque creyeron que a todos los iban a matar. Desde entonces comenzó un desplazamiento forzoso y la población que era de unos mil 800 habitantes, comenzó a disminuir vertiginosamente.

Hasta aquí llegó el grupo de paramilitares y masacró a 6 habitantes de Las Piedras, más adelante mató a 2 más. El recuerdo de esa noche del 10 de enero de 1999, sigue vivo.

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EL MUNDO SE LES ESTABA ACABANDO

Y es precisamente la pareja de esposos la que cuenta que desde ese momento, cuando se registra la masacre, todo cambio, no solo para su familia, sino para todo el pueblo. Para ellos, todo lo que estaba pasando era como si el mundo se les estuviera acabando, como si una máquina triturara todas las piedras y los dejara sin nada que explotar, se sintieron aplanados. Sentían que de lo que vivían, la minería artesanal, ya les quedaba poco.

Por eso mientras veían que muchos habitantes salían de la población huyéndole a la violencia, ellos empacaron algunas pertenencias para también salir corriendo, pero al igual que muchas otras familias se preguntaron ¿a dónde vamos? Y armados solo de valor y con la fuerza del corazón, tomaron la firme decisión de quedarse, de resistir a los violentos, aunque la muerte los siguiera tocando.

“No me arrepiento de haberme quedado, no me arrepiento haber resistido, aquí aguantamos todos, porque no teníamos para donde irnos y estoy conforme de haberme quedado, aunque vivíamos con temor, con tristeza, con dolor, recordando a nuestros familiares muertos, viendo la iglesia pintada con letras rojas grades del frente 35 de las Farc, escuchando los tiros, las fuertes pisadas y gritos de los paramilitares, el sonido de los camiones del Ejército, sin atrevernos a mirar o de asomarnos y en total silencio, sin poder trabajar, pero conscientes que teníamos que sacar fuerza de donde fuera para criar a los huérfanos, pues a muchos niños les mataron a sus padres”, indicó Ana María Ruíz de Hernández.

Ahora, cuando ya todo es diferente, ella está segura que para lograr la paz verdadera y duradera, esta tiene que venir de cada hogar. “Si uno no tiene paz en su corazón, ni hay paz en el hogar, no hay paz, porque el arma no es la solución, ni dejar el arma es la solución”.

Doña Ana María Ruiz de Hernández, observa diariamente los retratos de sus familiares, en donde están dos niñas que muy pequeñas quedaron huérfanas por culpa de la violencia.

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EL HOMENAJE Y PARTE DE VICTORIA

Hoy en la plaza principal del poblado se levanta un monumento en homenaje a 32 personas que en seguidilla fueron asesinadas. Ahí están inscritos los nombres de solamente ese número, pero son más, a todos la población los tiene presente, pues fueron víctimas de una guerra implacable, en la que sin razón los masacraron y torturaron, en medio del abandono del Estado que no miraba a los Montes de María, en Sucre y mucho menos a pequeña localidad de Las Piedras, en donde sus pobladores resistieron, aguantaron, o mejor como dice doña Ana María, quien con su coloquial hablado, el mismo que tiene el resto de pobladores, lanza una frase que hoy es como un parte de victoria: “Aguantemos todos, aguantemos las verdes y las maduras, porque luchemos y aquí estamos”(sic).

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